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El Imperio Ruso


Rusia estaba habitada por tribus eslavas y finlandesas, dominadas por los tártaros de Mongolia hasta el siglo XVI. Eran pueblos muy atrasados. Pero, al comenzar el siglo XVI, Iván el Terrible, jefe del Principado de Moscú, logró emanciparse del yugo de los Khanes mongoles, fundando el estado ruso de Moscovia, cuya capital era Moscú. Iván se hizo nombrar “Zar” que significaba Gran Rey de todo el imperio Ruso.

Gobernó en forma absoluta, con la fuerza de las armas ensanchó el imperio ruso. A la muerte de Iván el Terrible se produjeron luchas internas, hasta que fue proclamado zar Miguel de Romanof, quien inició una dinastía que gobernó hasta 1917, en que el último monarca Nicolás II fue ajusticiado.

Origen del Imperio Ruso
Los que dieron origen al imperio ruso fueron dos pueblos: Los Moscovitas, que fundaron la ciudad de Moscú y Los Suecos, que al mando del caudillo Rurik fundaron la pequeña república de Novgorod. Esto ocurrió posiblemente en los siglos XII o XIII.


Iván el Terrible (1533 a 1584)

El país de los moscovitas progresó rápidamente y conquistó la República de Rurik. Luego los moscovitas extendieron sus dominios hasta el Mar Caspio, venciendo a los tártaros que formaban la “Horda de Oro” y que se había apoderado de aquella región. Desde entonces Moscú fue la capital y uno de sus reyes más notables fue Iván IV el Terrible. Los principales hechos de este Rey semilegendario, fueron:

Construyó en Moscú el gran Palacio del Kremlin.
Arrojó del imperio ruso a los tártaros de la Horda de Oro, que habían sido aniquilados antes por Iván III, y comenzó la colonización de Siberia con la ayuda de los cosacos del Don.
Hizo ejecutar a sus enemigos políticos y gobernó sangrientamente oyendo los consejos del pope Silvestre. En un arranque de ira hizo perecer a su propio hijo.

Años más tarde (1613) el caudillo guerrero Miguel Romanov, se adueñó de Moscú y tomó el título de ZAR, fundando así una dinastía. El gobernante más notable de esta familia fue Pedro el Grande.


Pedro el Grande (1689-1725)

Este Zar del imperio ruso, fue un gobernante genial. Desde su juventud reveló un espíritu superior. Como Rusia necesitaba flota y ejército, Pedro el Grande hizo lo siguiente:

Para conseguir flota, se trasladó a Holanda y trabajó de incógnito como carpintero en un astillero de buques. Aprendió mucho del arte de navegar y luego regresó a Rusia para dirigir personalmente la construcción de numerosas embarcaciones. Para conseguir ejército organizó un batallón y se enroló él mismo como soldado, haciendo vida común con sus compañeros. A veces tocaba el tambor. Estas dos acciones le crearon un prestigio continental. Pero el hecho más resaltante de su reinado fue la guerra que sostuvo contra el Rey de Suecia Carlos XII.

Catalina II (1762 a 1796)
Fue una mujer superior, sin lugar a duda. Pero también fue una mujer perversa. Para subir al trono, encabezó una sublevación e hizo asesinar a su esposo el Zar Pedro III, que era un borracho depravado. Ocupando ya el poder, demostró Catalina una gran capacidad artística y política.

En el campo del arte fundó la Academia Rusa, catalina la grande favoreció la investigación filosófica y artística y escribió bellas comedias. Hablaba alemán y francés y sostenía correspondencia con los más grandes hombres de Europa. Voltaire le llamó por esto “La Semíramis del Norte”.

En el campo político, estableció en Rusia la libertad de prensa y la tolerancia religiosa; hizo renovar el Código Civil y mejoró la suerte de los siervos. Concedió por último, autonomía a las ciudades para el manejo de sus rentas.

Pero este brillante gobierno se vio empañado por las guerras exteriores que sostuvo.

En primer lugar, emprendió una Campaña innoble contra los turcos, con el fin de quitarle territorios para restaurar el antiguo Imperio de Oriente y poner en el trono a su nieto Constantino. Y en segundo lugar, tomó parte en los vergonzosos Repartos de Polonia.

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