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La Guerra Fría


El choque ideológico entre comunismo y capitalismo empezó en 1917, tras el triunfo de la Revolución rusa, de la que Rusia emergió como el primer país socialista. Este fue uno de los primeros eventos que provocó erosiones considerables en las relaciones ruso-estadounidenses.

Algunos eventos previos al final de I Guerra Mundial fomentaron las sospechas y recelos entre soviéticos y estadounidenses: la idea bolchevique en el cual el capitalismo debía ser derribado por la fuerza para ser reemplazado por un sistema comunista, la retirada rusa de la I Guerra Mundial tras la firma del Tratado de Brest-Litovsk con el Segundo Reich, la intervención estadounidense en apoyo del Movimiento Blanco durante la Guerra Civil Rusa y el rechazo estadounidense a reconocer diplomáticamente a la Unión Soviética hasta 1933.

Junto a estos diferentes acontecimientos durante el periodo de entreguerras agudizaron las sospechas: la firma del Tratado de Rapallo y del Pacto germano-soviético de no agresión son dos notables ejemplos.


La Segunda Guerra Mundial

Durante La Segunda Guerra Mundial, los soviéticos sospechaban que británicos y estadounidenses habían optado por dejar a los rusos el grueso del esfuerzo bélico, y que forjarían una unión contra los soviéticos (Operación Impensable) una vez que la guerra estuviera decidida a favor de los aliados, para forzar a la URSS a firmar un tratado de paz ventajoso para los intereses occidentales. Estas sospechas minaron las relaciones entre los aliados durante la II Guerra Mundial.

Los aliados no estaban de acuerdo en cómo deberían dibujarse las fronteras europeas tras la guerra.9 El modelo estadounidense de «estabilidad» se basaba en la instauración de gobiernos y mercados económicos parecidos al estadounidense (capitalista), y la creencia de que los países así gobernados acudirían a organizaciones internacionales (como la entonces futura ONU) para arreglar sus diferencias.

Desde finales de la década de 1940, la Unión Soviética consiguió instaurar gobiernos marioneta en Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía y Alemania Oriental, lo que le permitió mantener una fuerte presencia militar en estos países.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, las dos potencias vencedoras disponían de una enorme variedad de armas, muchas de ellas desarrolladas y mejoradas durante el conflicto. Tanques, aviones, submarinos y otros avanzados diseños de navíos de guerra, constituían las llamadas armas convencionales.

No obstante, la desigualdad resultaba patente, o por lo menos eso les parecía a los estadistas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la URSS contaba con el mismo número de carros de combate que el resto de las naciones juntas, y superaba en aviones de combate al conjunto de todas las demás fuerzas aéreas.

En la aviación convencional, tanto en número como en calidad, los nuevos cazas y bombarderos soviéticos, no solo estaban a la altura, sino por encima de los occidentales, los aviones bombarderos Tu-4 lanzaron la primera Bomba Atómica Soviética.

Pese a que el Pentágono siempre afirmaba poseer aparatos superiores a los de cualquier otro país, los enfrentamientos vividos durante la Guerra de Corea, Guerra de Vietnam y posteriormente, en la Guerra de la Frontera demostraron la igualdad, cuando no la superioridad, de los aviones soviéticos.


La OTAN

En abril de 1949 se constituye la OTAN, con lo que los Estados Unidos tomaron formalmente la responsabilidad de defender la Europa Occidental. En agosto de ese año, la URSS detona su primera bomba atómica.

Los EE. UU. usaron a la CIA para derrocar a ciertos gobiernos y favorecer a otros. La CIA tuvo un papel clave en el derrocamiento de países sospechosos de ser pro-comunistas, como en el caso del primer gobierno electo democráticamente en Irán (Operación Ajax) en 1953 y la caída de Jacobo Arbenz Guzmán tras el Golpe de 1954 en Guatemala.39 A su vez, EE. UU. trató de ayudar a gobiernos amigos con ayuda económica y militar, como en el caso de Vietnam del Sur.

En este contexto, los EE. UU. usaron a la CIA para derrocar a ciertos gobiernos y favorecer a otros. La CIA tuvo un papel clave en el derrocamiento de países sospechosos de ser pro-comunistas, como en el caso del primer gobierno electo democráticamente en Irán (Operación Ajax) en 1953 y la caída de Jacobo Arbenz Guzmán tras el Golpe de 1954 en Guatemala. A su vez, EE. UU. trató de ayudar a gobiernos amigos con ayuda económica y militar, como en el caso de Vietnam del Sur.

En el transcurso de las décadas de 1960 y 1970, las superpotencias tuvieron que gestionar un nuevo modelo de geopolítica, en el que el mundo dejó de estar claramente dividido en dos bloques antagónicos. Europa y Japón se recuperaron rápidamente de la destrucción de la II Guerra Mundial y su renta per cápita se acercaban a la de Estados Unidos. Mientras tanto, la economía del Bloque del Este entraba en un ciclo de estancamiento económico.


Iniciativa de Defensa Estratégica

Desde 1980, EE. UU. comenzó una escalada militar con el desarrollo de armas y sobre todo, el desarrollo experimental de la Iniciativa de Defensa Estratégica, conocida como «La Guerra de las Galaxias» que pretendía, mediante unos satélites colocados en la órbita terrestre, tener la capacidad de interceptar los misiles enemigos en pleno vuelo.

En el momento en el que Mijaíl Gorbachov se convirtió en Secretario General en 1985, la economía soviética estaba totalmente estancada y sin fondos de divisas extranjeras a causa de la caída de los precios del petróleo de la década de 1980.124 Esta situación motivó a Gorbachov para buscar nuevas medidas que revivieran la economía y mejoraran la calidad de un Estado enfermo y podrido por la corrupción.

Las tensiones entre Occidente-Oriente iban desapareciendo rápidamente durante la segunda mitad de la década de 1980, hasta llegar a su punto máxima expresión en la cumbre final de Moscú, en 1989, para firmar los acuerdos START. Las tropas soviéticas se retiraron de Afganistán y ya en 1990, con el Muro de Berlín ya derruido, Gorbachov firmó el Tratado Dos más Cuatro que consagraba de iure la Reunificación alemana.

El 3 de diciembre de 1989, durante la Cumbre de Malta Gorbachov y el sucesor de Reagan, George H. W. Bush, declararon terminada la Guerra Fría.

En un principio, la actitud tolerante que Gorbachov tenía hacia los cambios en Europa del Este, no significaba la misma tolerancia hacia los cambios radicales dentro del territorio de la Unión Soviética. La represión soviética que se ejerció en los países bálticos tras la declaración de su independencia, chocaban con la intención del presidente Bush de mantener unas relaciones normalizadas con la URSS, avisando a Gorbachov de que los lazos comerciales entre ambos países se verían gravemente afectados si la violencia continuaba.

Sin embargo, la realidad era que el Estado soviético se desmoronaba inexorablemente, hasta el golpe de gracia que supuso el fallido golpe de agosto de 1991. Un número cada vez mayor de Repúblicas soviéticas manifestaba su intención de independizarse de la URSS, especialmente la Rusia, lo que hubiese significado el hundimiento total y caótico de la Unión Soviética.

El 21 de diciembre de 1991 se firmó el tratado que creaba la Comunidad de Estados Independientes, que debería ser la heredera legal de la URSS, en la que cada república sería independiente y libre de unirse, y se mantendría una unión muy laxa en una especie de confederación. La CEI acabó siendo el marco donde, según los líderes rusos, se llevaría a cabo «un divorcio civilizado» de las distintas repúblicas soviéticas.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS, se declaró oficialmente disuelta el 25 de diciembre de 1991.

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