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Los mapas como instrumento de manipulación social


La cartografía moderna comenzó a surgir en el siglo XVI como un instrumento de poder para los gobernantes. Pero fue en el siglo XX, con todas sus guerras, revoluciones, trastornos y cambios tecnológicos desordenados, que los mapas se democratizaron verdaderamente.

En los países ricos, la educación casi universal y la enseñanza de la geografía en las escuelas garantizaban que la mayoría de las personas pudiera encontrarles sentido. Las guerras mundiales requerían que los mapas fueran producidos por millones. Mientras tanto, en la vida civil, la expansión del automóvil, junto con una afluencia cada vez mayor que permitía viajar a más personas, expandió el mercado privado. La tecnología de mapeo se desarrolló a pasos agigantados, pasando de las encuestas en tierra a la fotografía aérea al Sistema de Posicionamiento Global (GPS).

Una nueva exhibición, "Mapas y el siglo XX: Dibujando la línea", en la Biblioteca Británica (BL) en Londres hasta el próximo mes de marzo, examina la historia de los últimos 100 años a través de mapas. Considerando su papel en la guerra y la paz, así como en la vida cotidiana, y su impacto económico. Muchos de los 200 mapas que se muestran, en realidad provienen de la notable colección de mapas de 4 millones de BL's.

Las exhibiciones son sorprendentemente variadas: detallados mapas de trincheras de la Primera Guerra Mundial; mapas de escape construidos con material de seda de la segunda guerra mundial convertidos en un vestido; un primer esbozo del famoso mapa de Harry Beck del metro de Londres que finalmente se publicó en 1933; un mapa fascinante del piso del Océano Atlántico, basado en investigaciones encargadas por la armada estadounidense para identificar escondites para sus submarinos nucleares; y una impresionante fotografía de la Tierra tomada durante la misión de Apolo en 1968.

Los mapas siempre han tenido que ser útiles, y la mayoría de las personas los consideran como representaciones objetivas de la realidad. Pero "los mapas no son espectadores inocentes", dice Tom Harper, el principal de la exposición. "Ayudan a moldear las percepciones de las personas".

Eso comienza con puntos técnicos como las proyecciones que convierten un mundo tridimensional en un mapa bidimensional. La mayoría de los mapas del mundo (incluido Google) usan una variante de una proyección inventada en 1569 por un cartógrafo flamenco, Gerardus Mercator, que era útil para la navegación pero exagera de una manera muy grosera el tamaño de la zona templada donde se concentran la mayoría de los países “ricos”.

Una proyección alternativa ahora llamada Gall-Peters, que refleja adecuadamente el tamaño relativo de los continentes, se promovió en la década de 1970, pero no se popularizó ampliamente porque dejaba al descubierto el tamaño real de los países considerados de primer mundo. Y como es lógico, cuando una idea, aunque sea falsa, una vez que se ha popularizado es muy difícil de borrar del subconsciente del público en general. Es más bonito y romántico pensar que el país en donde naciste es cinco veces más grande de lo que realmente es.

Los mapas también se usan como herramientas de propaganda supremacista, distorsionan ciertas características o empujan mensajes particulares que promueven la superioridad, aunque esa superioridad solo sea a nivel psicológico-mental. La exposición ofrece muchos ejemplos, incluyendo mapas motivacionales de la Segunda Guerra Mundial, mapas de protesta de la época de la guerra de Vietnam y representaciones de contaminación ambiental y paraísos fiscales.

En las últimas décadas, la revolución digital ha transformado por completo la creación de mapas. En lugar de congelarse en el tiempo, los mapas ahora pueden capturar y reflejar el cambio constante que tiene un determinado lugar en el mundo real. Gracias a Google Earth, cada propietario de un teléfono inteligente tiene el mundo a su alcance. El sistema de GPS se asegurará de que nunca (bueno, casi nunca) se pierda. Harper cree que la próxima gran innovación en los mapas será la realidad virtual. Pero a pesar de todo este extraordinario cambio tecnológico, reconoce que siempre habrá un espacio para las técnicas tradicionales de mapeo.

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