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La Zona del Silencio​


Densos y oscuros nubarrones de aspecto sobrecogedor cubren el cielo. Llevados por el viento se desgarran dejando pequeños claros por los que se filtra la brillante luz de las estrellas y el fugaz resplandor de un aerolito que cruza la bóveda celeste. Si llega a caer un aguacero, no se podrá salir del desierto en varios días.

La tierra está a oscuras al faltarle la luz del universo; sólo los relámpagos, en el horizonte, la iluminan brevemente, recortando la negra silueta de las montañas circundantes que semejan gigantes dormidos, indiferentes al desasosiego del espíritu de quien las contempla.

Hacia el sur, a gran distancia, se percibe la tenue claridad de las ciudades de la Comarca Lagunera, pérdidas en el horizonte. En la inmensidad del desierto, el universo y el hombre toman su proporción real, provocándote esa sensación, que eres solo una estructura de agua y polvo que en algún momento de la historia tomo conciencia de sí mismo y de su existencia pero que aún camina de manera errática, deambulando en busca de respuestas en la inmensidad de lo desconocido.

En tiempos prehistóricos esta gran extensión de tierra estuvo sumergida bajo las aguas del llamado Mar de Thetis, como lo demuestra la gran cantidad de fósiles marinos que se encuentran en ella. Hacia el periodo eoceno de la Era Cenozoica, hace unos treinta millones de años, se originaron fuertes cambios orogénicos que hicieron emerger las grandes masas continentales. Se calcula que hace un millón de años el desierto chihuahuense adquirió su morfología actual.

En la parte central del Bolsón de Mapimí se localiza un área que ha despertado un interés inusitado y que ha sido bautizada como la Zona del Silencio. El enigmático nombre es digno corolario al sinfín de mitos que han surgido en torno a ella. Extrañamente, la Zona no tiene un lugar preciso de localización.

Francisco Sarabia Tinoco era el más famoso pionero aviador en México, debido en parte, a su récord de velocidad volando entre la Ciudad de México y Nueva York en 1939. Sarabia ha sido homenajeado a lo largo de los años con estatuas, sellos especiales de emisión que llevan su imagen y otros monumentos.

El aeropuerto nacional en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, lleva su nombre. En la década de 1930, Sarabia volaba sobre Durango cuando entró en el espacio aéreo situado sobre el desierto de Chihuahua. De repente hubo un silencio de radio, que alertó al control del tráfico aéreo que algo no iba bien. Sarabia tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia después de que su equipo fallara. Él sobrevivió, pero ni él ni los ingenieros pudieron encontrar explicación a lo que había ocurrido. Este fue el primer caso conocido de problemas técnicos en la Zona del Silencio.

El 11 de julio de 1970, Estados Unidos estaban realizando unas pruebas militares con un misil Athena. Fue lanzado desde Green River, en Utah, EE.UU, y se suponía que tenía que llegar a la base de misiles de White Sands, en Nuevo México. Pero misteriosamente, continuó 400 kilómetros al sur, cruzando la frontera México-Estados Unidos. El misil se estrelló en la Zona del Silencio, justo en medio de una duna de arena.

Con el permiso del gobierno Mexicano, un equipo de recuperación estadounidense tenía que rastrear la zona para encontrarlo. En la remota zona del desierto, tuvieron que construir una carretera y una pequeña pista de aterrizaje para salvar todo lo que pudieron. Pero al poco tiempo los equipos de comunicación dejaron de funcionar. Fue en ese momento cuando adquirió el nombre de la Zona del Silencio.

Josefina y Ernesto Díaz se encontraban en la Zona del Silencio buscando fósiles en octubre de 1975. Una inundación repentina los dejó incomunicados en el interior de su coche y atrapados en un agujero. Mientras intentaban sacar el coche, fueron rodeados por un grupo de hombres altos, rubios con impermeables amarillos. Los hombres empujaron con mucha facilidad el vehículo fuera del agujero. Una vez fuera de peligro Josefina y Ernesto quisieron dar las gracias a los salvadores, pero los hombres ya no estaban allí, no encontraron huellas de pisadas en el barro.

Otras historias hablan del mismo grupo de personas rubias (dos hombres y una mujer), que aparecen misteriosamente en varias partes de la Zona del Silencio. En una ocasión un turista consiguió hablar con ellos, informó que su español era perfecto y les preguntó de dónde venían, ellos respondieron, “de arriba”.

Poco después, un lugareño dijo haber localizado una zona en la cual no se escuchaba la radio. El fenómeno fue investigado por especialistas de la ciudad de Torreón. Surgió entonces la hipótesis de la existencia de una especie de cono magnético sobre la región que provocaba ionizaciones en la atmósfera que bloqueaban la transmisión de las ondas de radio.

Y aquí comenzó la leyenda. Además de la Zona del Silencio, la presencia de bancos de fósiles, de áreas con gran concentración de fragmentos de aerolitos, sirvió de base para conferirle al área características sobrenaturales y una serie de mitos: desde el absurdo de que al entrar a la Zona del Silencio no se podía escuchar la conversación de otras personas, hasta la aberrante idea de que el lugar es una base de aterrizaje de extraterrestres.

Desde el siglo 19, ha habido informes de unas piedras calientes que caen del cielo en la Zona del Silencio. Al parecer aparecen desde la nada, con el cielo completamente despejado.

También se ha informado de misteriosas luces flotando sobre el suelo o en el cielo. Incluso los más escépticos admiten haber visto luces, declarando son un fenómeno común. A todo esto se suma los avistamientos ovnis, siendo esta zona tan conocida entre los ufólogos.

Los científicos no encuentran una explicación lógica y racional a todos los fenómenos extraños que ocurren en la Zona del Silencio. Aunque una de las últimas teorías apunta que existe un alineamiento entre la Zona del Silencio, el Triángulo de las Bermudas y las pirámides de Egipto, creando así una especie de vórtice energético.

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