Artículos de última hora

La nebulosa planetaria Abell 24


La Organización Europea para la Investigación Astronómica en el Hemisferio Austral (ESO) ha publicado una impresionante imagen, tomada por el instrumento FORS (Reductor y espectrógrafo FOcal) en el Very Large Telescope de una nebulosa planetaria llamada Abell 24.

Abell 24 reside a unos 1.730 años luz de distancia en la constelación de Canis Minor. También conocida como PK 217 + 14.1, esta impresionante estructura cósmica está clasificada como una nebulosa planetaria: una explosión de gas y polvo que se crea cuando una estrella muere y arroja sus capas exteriores al espacio.

A pesar del nombre oficial que reciben, las nebulosas planetarias no tienen nada que ver con los planetas. El término fue acuñado por el astrónomo británico de origen alemán William Herschel, quien también descubrió el famoso gigante de hielo Urano.

En una época de astronomía donde se utilizaban instrumentos básicos con muy baja resolución, estos objetos nebulosos parecían asemejarse mucho a planetas gigantes nadando en un cosmos cubierto en todas las dirección por la oscuridad. ¿Entonces qué son las nebulosas planetarias en realidad y cómo se forman?

Una estrella similar al Sol pasa la mayor parte de su vida convirtiendo el hidrógeno en helio en su núcleo. En sus años crepusculares, la estrella se queda sin combustible y se desequilibra; ya no puede resistir el aplastamiento interno de la gravedad y el núcleo comienza a colapsar sobre su propio eje.

La temperatura en el núcleo aumenta dramáticamente mientras que las capas externas más frías se expanden, causando que toda la estrella se hinche; convirtiéndose en una gigante roja.

Una gigante roja es una estrella gigante de masa baja que, tras haber consumido el hidrógeno en su núcleo durante la etapa de secuencia principal, convirtiéndolo en helio por fusión nuclear, comienza a quemar hidrógeno en una cáscara alrededor del núcleo de helio inerte.

Cuando el Sol comience a transformarse en un gigante rojo, se expandirá para engullir completamente a todos los planetas más internos del sistema solar; Mercurio, Venus y posiblemente también la Tierra, creciendo más de 250 veces su radio actual.

Los vientos fuertes luego expulsan las capas externas gaseosas de la estrella, formando una capa de gas que se extiende hacia la inmensidad del espacio.

La atmósfera de ventilación de la gigante roja eventualmente expondrá su núcleo remanente luminoso y caliente, que emitirá una fuerte radiación ultravioleta y por último, ionizará el gas circundante.

Crédito de la imagen: Observatorio Europeo Austral.

No hay comentarios.