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Los campos mórficos


Según la hipótesis de la causalidad formativa, todos los sistemas autoorganizados, incluidos los cristales, las plantas y los animales contienen una memoria inherente, dada por un proceso llamado resonancia mórfica. Todos los seres humanos recurren a una memoria humana colectiva y, a su vez, contribuyen a ella. Incluso la memoria individual depende de la resonancia mórfica en lugar de los rastros de memoria física almacenados en el cerebro.

La resonancia mórfica funciona a través de campos mórficos, que organizan los cuerpos de plantas y animales a través de patrones vibratorios y subyacen a sus habilidades para regenerarse y sanar después del daño. Los campos mórficos también coordinan las actividades vibratorias del sistema nervioso y están estrechamente relacionados con la actividad mental. Las mentes se extienden más allá de los cerebros a través de estos campos, y los efectos de la atención y la intención a distancia pueden detectarse experimentalmente.

Los campos morfogenéticos organizan la morfogénesis. Los campos motores organizan movimientos; los campos de comportamiento organizan el comportamiento; y los campos sociales organizan sociedades.

Estos campos están ordenados jerárquicamente en el sentido de que los campos sociales incluyen y organizan los campos de comportamiento de los animales dentro de la sociedad; los campos de comportamiento de los animales organizan sus campos motores; y los campos motores dependen para su actividad de los sistemas y cuerpos nerviosos de los animales, organizados por campos morfogenéticos.

Estos son los diferentes tipos de campo mórfico. "Campo mórfico" es un término genérico que incluye todo tipo de campos que tienen una memoria inherente dada por la resonancia mórfica de sistemas similares a los anteriores. Los campos morfogenéticos, motores, conductuales y sociales son campos mórficos.

Resonancia morfogenética
El Dr. Rupert Sheldrake (bioquímico y biólogo británico, autor de más de 80 artículos científicos y 11 libros) desarrollo esta teoría a través de la idea de la resonancia morfogenética. Rupert publicó su primer libro «A New Science of Life: The Hypothesis of Morphic Resonance» en 1981. En él propuso el concepto de campo mórfico según el cual, ciertos fenómenos, biológicos, —como las conductas— o físicos —como una forma concreta de cristalización mineral— se hacen más probables a medida que ocurren más veces, y una vez fijados, pueden extenderse a poblaciones o muestras que no están en contacto con la pionera.​ Como resultado, nuevos comportamientos adquiridos serían heredados por generaciones posteriores.

Rupert ha escrito también sobre telepatía y percepción extrasensorial.​​ La teoría de la resonancia morfogenética, establece que "las formas de los organismos vivos y sus patrones de comportamiento se transmiten a través de un campo no visible para el ojo". En otras palabras, los pensamientos y patrones de comportamiento de los organismos vivos se transforman inconscientemente en una "forma" intangible en el campo morfogenético y se envían a otros organismos.

Los campos mórficos subyacen nuestra actividad mental y nuestras percepciones. La existencia de estos campos es experimentalmente comprobable. Los campos mórficos de los grupos sociales conectan a los miembros del grupo incluso cuando están a kilómetros de distancia, y proporcionan canales de comunicación a través de los cuales los organismos pueden mantenerse en contacto a distancia. Ayudan a proporcionar una explicación para la telepatía, explicando esa sensación que se puede experimentar cuando algo grave le sucede a un ser querido. Existe evidencia de que muchas especies animales son telepáticas, y la telepatía parece ser un medio normal de comunicación animal.

Los campos mórficos de la actividad mental no se limitan al interior de nuestras cabezas. Se extienden mucho más allá de nuestro cerebro a través de la intención y la atención. Las personas que estudiamos física estamos familiarizados con la idea de campos que se extienden más allá de los objetos materiales en los que están enraizados, por ejemplo: los campos magnéticos se extienden más allá de las superficies de los imanes; el campo gravitacional de la Tierra se extiende mucho más allá de la superficie terrestre, manteniendo la luna en su órbita; y los campos de un teléfono celular se extienden mucho más allá del teléfono en sí. Del mismo modo, los campos de nuestras mentes se extienden mucho más allá de nuestro cerebro.

Manipulando campos morfogenéticos
Algunos investigadores piensan que ciertas personas pueden acceder y manipular estos campos de manera consciente e inconsciente. Dos humanos pueden incluso enviarse mensajes mentales entre sí a través de un campo invisible, de manera similar a la telepatía, sin necesidad de usar palabras. Sin embargo, todo parece indicar que la capacidad de hacerlo está limitada a aquellos que nacen con dicha habilidad.

A diferencia de la telepatía, algunos especulan que la comunicación puede extenderse a largas distancias y posiblemente incluso a diferentes períodos de tiempo. También puede cruzar diferentes líneas de tiempo. Lo que se puede enviar no parece estar limitado si la persona es lo suficientemente fuerte como para acceder al campo morfogenético, haciendo posible enviar fragmentos o la totalidad de la conciencia atrás y adelante en el tiempo.

El acceso a los campos morfogenéticos se ve afectado por dos cosas; manifestación y peligro, y aunque no son necesarias, aumentan la capacidad de la persona para acceder al campo. ¿Por cuánto? eso aun se desconoce, pero podría ser una cantidad significativa. La manifestación se explica como la sensación que se experimenta cuando uno está trabajando en un problema difícil y la respuesta simplemente 'aparece' en nuestra mente. El segundo factor, el peligro, es cuando nos encontramos entre la vida y la muerte.

Conclusiones
Quizás los humanos somos iguales en una dimensión más profunda que trasciende la materia como la percibimos, con nuestra mente y nuestros pensamientos separados de nuestros cuerpos. Nuestro núcleo está en nuestra cabeza, por supuesto. Todos tenemos cerebros individuales, desarrollamos pensamientos individuales y actuamos de acuerdo con voluntades individuales. Sin embargo, eso dificulta la comunicación. Por lo tanto, nos vemos obligados a confiar en medios ineficientes como el lenguaje, las fotografías, las señales no verbales, etc., para transmitir información.

Cada uno de nosotros es un individuo y no tenemos conexión directa con nadie más. Pero ... ¿es eso realmente cierto? Según nuestra experiencia humana en la física clásica donde nos desenvolvemos regularmente, es decir, en las dimensiones clásicas con las que estamos más familiarizados, sí, lo es. Sin embargo, si miramos las cosas desde una dimensión más alta ... Pareciera que todos estamos conectados con todo. Como las ramas de un árbol, aparentemente separadas, pero en la misma rama, que se conecta al mismo abrol, que tiene una misma base, que se extiende hasta un mismo tronco.

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